Pereza mental

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Como oportunamente escribió el buen Diego Fonseca hoy en su Facebook: “Escribir es como correr: cuesta arrancar, el camino puede ser una tortura, pero, una vez terminado, sabes que debieras hacerlo más a menudo”.

Decidirme a escribir esto me costó cinco días… o tal vez más, ya no lo sé. Las ideas que quiero plasmar en este texto han estado dando tantas vueltas en mi cabeza que ya no sé si tengo la claridad para decir lo que quiero… o lo que quería decir en el momento en que consideré buena idea inmortalizarlas en unos párrafos.

Internet es para esto, ¿no? Para sentir la libertad de hacer y decir cualquier cosa, por buena o mala que sea, en el frío comienzo del día, durante la tarde con la compañía de un café descafeinado (que es lo único que puedo beber últimamente), o en plena madrugada con los ojos enrojecidos a causa del insomnio.

¿Verdad? Internet brinda la posibilidad de desahogarse, de descargar los sentimientos, de materializar los pensamientos, de intentar decirle al mundo lo que piensas o sientes respecto a determinado tema. Funciona para opinar, opinar de todo y volvernos todólogos de la vida, expertos, críticos y eruditos de todo lo que acontece a nuestro alrededor.

Y a la vez lo que cada uno piensa importa un carajo. Las posibilidades de crear un texto que se vuelva viral, muy leído y apreciado, son casi nulas. Millones de millones de páginas web: periódicos, columnas de opinión, cartones, blogs, portafolios fotográficos, imágenes, videos y animaciones por doquier. La oferta de contenidos es tan vasta, en tantos idiomas, desde tantas ip’s, con tantas e interminables formas de pensar, que mucha suerte tendré yo si me lee alguien.

Creo que son las ganas de escribir sin la necesidad de tener un motivo para hacerlo. Me gusta escribir y de eso vivía hasta hace unos meses que perdí mi empleo en un periódico digital. Desde entonces no me había sentado a escribir, a gozar del íntimo momento entre las teclas de mi computadora, mis pensamientos y yo. O tal vez lo hice un par de veces sólo para que mi blog no se quedara sin movimiento.

Prácticamente estas líneas son una limpieza mental, un ejercicio para ver si no he olvidado cómo se redacta. Está sirviendo para desempolvar mi mente, enchufar algunas neuronas que se habían perdido en el camino y desentumir los dedos que poco han producido en los últimos meses. También para intentar coordinar actividades entre la mente y el resto de mi cuerpo que luego no se ponen de acuerdo. Mi cerebro siente ganas de escribir, pero mi cuerpo ignora las señales y se vuelve incapaz de abrir la computadora y ponerse a escribir sin tanta dificultad, sin tantos pretextos… sin la maldita pereza.

Espero que funcione y el hábito renazca. Todo está por verse.

Como lo supuse, luego de terminar mi taza de café y estos párrafos, al final no dije nada, nada, de lo que pretendía decir al principio y que ya no recuerdo qué es.

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